El patito feo

Como cada verano, a la Señora Pata le dio por empollar y todas sus amigas del corral estaban deseosas de ver a sus patitos, que siempre eran los más guapos de todos.
   Llegó el día en que los patitos comenzaron a abrir los huevos poco a poco y todos se congregaron ante el nido para verles por primera vez.
   Uno a uno fueron saliendo hasta seis preciosos patitos, cada uno acompañado por los gritos de alborozo de la Señora Pata y de sus amigas. Tan contentas estaban que tardaron un poco en darse cuenta de que un huevo, el más grande de los siete, aún no se había abierto.
   Todos concentraron su atención en el huevo que permanecía intacto, incluso los patitos recién nacidos, esperando ver algún signo de movimiento.
   Al poco, el huevo comenzó a romperse y de él salió un sonriente pato, más grande que sus hermanos, pero ¡oh, sorpresa!, muchísimo más feo y desgarbado que los otros seis…
    La Señora Pata se moría de vergüenza por haber tenido un patito tan feísimo y le apartó con el ala mientras prestaba atención a los otros seis.
   El patito se quedó tristísimo porque se empezó a dar cuenta de que allí no le querían…
   Pasaron los días y su aspecto no mejoraba, al contrario, empeoraba, pues crecía muy rápido Sigue leyendo
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Caperucita Roja



Había una vez una niña muy bonita. Su madre le había hecho una capa roja y la muchachita la llevaba tan a menudo que todo el mundo la llamaba Caperucita Roja.

Un día, su madre le pidió que llevase unos pasteles a su abuela que vivía al otro lado del bosque, recomendándole que no se entretuviese por el camino, pues cruzar el bosque era muy peligroso, ya que siempre andaba acechando por allí el lobo.

Caperucita Roja recogió la cesta con los pasteles y se puso en camino. La niña tenía que atravesar el bosque Sigue leyendo

Pinocho


 

Erase una vez, un carpintero llamado Gepetto, decidió construir un muñeco de madera, al que llamó Pinocho. Con él, consiguió no sentirse tan solo como se había sentido hasta aquel momento.

– ¡Qué bien me ha quedado!- exclamó una vez acabado de construir y de pintar-. ¡Cómo me gustaría que tuviese vida y fuese un niño de verdad!

Como había sido muy buen hombre a lo largo de la vida, y sus sentimientos eran sinceros. Un hada decidió concederle el deseo y durante la noche dio vida a Pinocho.

Al día siguiente, cuando Gepetto se dirigió a su taller, se llevó un buen susto al Sigue leyendo

Los tres cerditos


Junto a sus papás, tres cerditos habían crecido alegremente en una cabaña del bosque. Y cómo ya eran mayores, sus papás decidieron que era hora de que hicieran, cada uno, su propia casa.

Los tres cerditos se despidieron de sus papás, y fueron a ver cómo era el mundo. El primer cerdito, el perezoso de la familia, decidió hacer una casa de paja. En un minuto la choza estaba hecha. Y entonces se echó a dormir.

El segundo cerdito, un glotón, prefirió hacer una cabaña de madera. No tardó mucho en construirla. Y luego se echó a comer manzanas.

El tercer cerdito, muy trabajador, optó por construirse Sigue leyendo

La aventura de los animales de la selva

Había una vez un Elefante muy tragón.  Cansado de comer las plantas de la selva, decidió irse al Zoológico.

El Elefante llamó a la Tortuga y le contó que se iba al Zooológico y le dijo que llame a los animales que quisieran ir con él, La tortuga dormilona, cansada que no la dejen dormir, le dijo:

Estas loco! Como vas hacerlo?  y el Elefante le dijo:

Llamalos a todos! y la Tortuga le contestó – Está bien, está bien …..ya voy.

 

Entonces vinieron el León malo, triste de no tener niños para asustar y el Mono aburrido de Sigue leyendo

La mariquita fea

Erase una vez una mariquita que nació negra. Todas sus hermanas eran rojas, pero ella no.

Su madre la rechazó y la dejó sola. Todas las demás se fueron con su mamá.

La mariquita se quedó triste y estuvo llorando y llorando muchos días. Su llanto estaba inundando el bosque y los demás insectos se reunieron para solucionar el problema.

Entre todos pensaron cómo podían hacer que la mariquita dejara de llorar,pues no había nada que la consolara.

De repente, un día, llovió en el bosque y cuando dejó de llover Sigue leyendo

El pequeño abeto

Érase una vez un pequeño abeto. Solo, en el bosque, en medio de los demás árboles cubiertos de hojas, el sólo tenía agujas, nada más que agujas.
El siempre se quejaba de que todos los demás tenían hermosas hojas verde, una noche deseo tener hojas de oro para poder dar envidia a los demás. A la mañana siguiente se despertó cubierto de las hojas que tanto había deseado y Sigue leyendo